Archivo mensual: julio 2012

Razonar antes de actuar: el Plan Estratégico de Comunicación

Antes de que el blog de Inventaria Comunicación Social se marche de vacaciones, queríamos hablar de algo que en Inventaria se nos da realmente bien: los planes estratégicos de comunicación. Ya hemos explicado en otros lugares lo fundamental de profesionalizar la comunicación, en especial la comunicación en el Tercer Sector debido a sus características diferenciales. La elaboración de una estrategia de comunicación, al igual que la gestión de redes sociales, es algo que se aprende, se practica y se reflexiona…algo que lleva un largo proceso.

Pero, ¿a qué nos referimos al hablar de estrategia de comunicación? Una estrategia es el estudio exhaustivo de una acción/organización y de su entorno y la planificación de las acciones futuras en función de los objetivos que te has propuesto. Si has realizado un proyecto y has hecho tu plan de viabilidad, es probable que hayas hecho algo parecido. Por tanto, una estrategia de comunicación es la planificación de los objetivos de comunicación de la entidad en función de sus objetivos como organización.

Calvin no practica mucho “eso de la planificación”

La planificación estratégica de la comunicación se realiza entre cada tres y cinco años, pero lo cierto es que los continuos cambios en el sector de las comunicaciones hacen que cada vez sea necesario replantearse con más frecuencia las formas de comunicar. Y más, en un sector tan cambiante como el de las Entidades no Lucrativas (ENL) en estos momentos. Esto hace que nos preguntemos que si realmente los cambios son tan acelerados, ¿por qué realizar un plan de comunicación estratégico? Ahí van algunas razones:

  1. Establece una coherencia entre los objetivos de la organización y los objetivos de comunicación. Con un buen plan de comunicación es improbable que los materiales comunicativos que se generen desde una ENL no se correspondan con sus valores o con su imagen.
  2. Permite prever problemas futuros, estableciendo formas de solucionar las dificultades previstas de la entidad a través de la comunicación.
  3. Da una visión profunda y sistémica de la situación comunicativa de la organización y de su entorno, mostrando un diagnóstico realista de la capacidad de comunicación de la organización y de las herramientas que posee para cumplir sus objetivos estratégicos.
  4. Sistematiza las formas de hacer comunicación de la organización.
  5. Concreta formas de evaluar el cumplimiento de objetivos, así como de hacer seguimiento de las diferentes actividades, haciendo eficaz la asignación de recursos y permitiendo el cambio de procedimientos si los objetivos no se cumplen.

Si ya hay unos cuantos convencidos de la necesidad de tener un plan estratégico de comunicación, el primer paso es la realización de una profunda investigación que cubra, al menos, las siguientes áreas:

  • La propia organización
  • Otras organizaciones que se dediquen a la misma actividad
  • Medios de Comunicación
  • Entorno
  • Análisis DAFO (Debilidades, amenazas, fortalezas, oportunidades)

Al fin y al cabo, la investigación tiene que responder a las preguntas “¿Dónde estoy?” y “¿Adónde quiero llegar?”.  Y, cuanto más se concreten las respuestas, mejor se podrá llevar a cabo el paso entre el querer ser y el ser.

La organización estará preparada para dar este paso de forma segura, consciente y razonada mediante la elaboración de la segunda parte del plan de comunicación: el documento estratégico. En éste hay que señalar de los objetivos de la organización, los objetivos de comunicación (generales y específicos), los públicos a los que se orienta la entidad, las líneas estratégicas y el seguimiento.

Como podéis ver… el proceso no es “moco de pavo”. Pero las razones son lo suficientemente fuertes como para llevarlo a cabo, ya sea por vosotros mismos o con la ayuda de gente experta. Al fin y al cabo, la comunicación es el nexo entre la entidad y el mundo que la rodea.

Por cierto, ¡nos vemos en Septiembre!

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Periodismo ciudadano: dando cuenta de lo que ocurre a nuestro alrededor

 “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Art.19 Declaración Universal de Derechos Humanos

Hasta hace relativamente poco tiempo el público de los medios de comunicación, es decir, los ciudadanos, únicamente participaban en el entramado de la comunicación mediática a través de pequeñas acciones, que no llegaban más allá de la línea de los aplausos en los platós, las cartas al director o el envío de SMS. Ahora, en gran parte gracias a las nuevas tecnologías, los ciudadanos se han convertido en activos creadores de información,  dando cuenta de lo que ocurre a su alrededor de forma independiente.

El periodismo ciudadano no es algo nuevo. Aunque el término se generalizó a principios del presente siglo gracias a la gran importancia que tomó Internet, el concepto está íntimamente ligado a otros movimientos, tales como:

  • Los medios de comunicación comunitarios o tercer sector de la comunicación, los cuales pertenecen a organizaciones sin ánimo de lucro –ni privado/comerciales ni públicos/estatales–, cuyo objetivo principal era profundizar en la democracia por medio de la participación ciudadana .
  • Periodismo cívico, que surge en EEUU en los años 80 con la pretensión de informar para potenciar el activismo.
  • Periodismo 3.0, es prácticamente sinónimo de periodismo ciudadano. Ofrece noticias e informaciones de forma independiente, completa y relevante a través de la red. A diferencia del periodismo 2.0 tanto el contenido como los propios medios se socializan.

Algo fundamental en el nacimiento del periodismo ciudadano, y de los movimientos paralelos a éste, ha sido el cambio en el modelo comunicativo, ya que se ha pasado de un modelo Broadcasting (uno a muchos) a uno Narrocasting (muchos a pocos, muchos a muchos o pocos a muchos). En este tipo de modelo no existe la jerarquización y mediación en la redacción y distribución de la información, puesto que no subyacen intereses económicos como es en el caso de los medios tradicionales que dependen de la publicidad. Además, este nuevo modelo comunicativo es totalmente interactivo, puesto que el ciudadano no sólo es receptor, sino que forma parte activa en el proceso de creación de la noticia.

Los blogs, los videoblogs, las redes sociales o medios digitales son algunos de los espacios más utilizados por los ciudadanos para exponer su visión sobre el mundo. El uso de estos medios ha conseguido cambiar el quehacer del periodismo tradicional,  pues no sólo convierten a los ciudadanos en periodistas, sino que dotan de transparencia a los medios de comunicación, favorecen el debate público y son un observatorio ciudadano de los medios generalistas.

Tal es la importancia que ha conseguido esta nueva forma de hacer periodismo,  que muchos medios tradicionales han llevado a cabo iniciativas de este tipo. Un caso conocido es Yo Periodista de El País, un espacio en el que “cualquiera que tenga una noticia y considere que es capaz de contarla puede darla a conocer a todos los ciudadanos”.

En cuanto a los primeros proyectos de periodismo ciudadano que surgieron en España, destaca El Comentario TV, una iniciativa que vio la luz en el año 2005 de la mano del periodista Juan Vega. Su objetivo: convertir el periodismo ciudadano en un instrumento al servicio de la libertad de expresión y el derecho a la información.

Otro ejemplo a destacar es Bottup, una red en español que nació gracias a un pequeño grupo de jóvenes periodistas.  En esta web colaboran tanto periodistas profesionales como ciudadanos periodistas. Además, la página web cuenta con su propio equipo de redacción, que trabajan para facilitar el trabajo de los colaboradores.

Como hemos señalado, las nuevas tecnologías de la información han tenido un papel fundamental para su desarrollo, un caso que todos recordaremos como pionero en España fue la convocatoria espontánea del 13 de marzo de 2004 a través de blogs, chats o móviles, para exigir al Partido Popular la verdad sobre el atentando terrorista del 11 de marzo.

Pero, además de la generalización del uso de Internet, ¿por qué motivo surgió el periodismo ciudadano? Es posible que la crisis de credibilidad del periodismo tradicional y la concentración de medios en muy pocas manos tuvieran mucho que ver en el nacimiento de esta nueva forma de informar. Dar voz a los ciudadanos y hablar de lo que obvian u ocultan los medios de comunicación generalistas parece ser uno de los motivos principales.

Lo que está claro es que este  fenómeno ha generado una importante discusión sobre si es o no correcto considerar periodistas a los ciudadanos. Está claro que son muchos, cada vez más, los que difunden continuamente importantes cantidades de información, que en muchos casos son vistas o leídas por un gran número personas, pero ¿esto es suficiente para que las personas de a pie, sin ningún tipo de titulación o formación en comunicación, sean consideradas periodistas? ¿Este tipo de periodismo es complementario al tradicional? ¿Sería mejor cambiar el término de este concepto para evitar la confrontación con los profesionales de la información?…El debate está abierto, ¿tú qué opinas?

 

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Coworking: colaboración y solidaridad en el trabajo

La clave para el éxito nunca ha sido ni será el trabajo individual vetado a los demás, sino que la colaboración y la ampliación de miras garantizan la mejora de la calidad de tu proyecto.

Si traducimos la palabra inglesa coworking al español obtenemos la palaba “co-trabajando”  o, lo que viene a significar, unir esfuerzos para colaborar en un trabajo.

El coworking es una manera de llevar a cabo un proyecto o actividad que se basa en que dos cerebros piensan más que uno, así como cuatro ojos ven más que dos. La estrategia de trabajo es una exposición de un proyecto y la colaboración de los miembros implicados, con el objetivo de que cada uno mejore el producto final aportando sus propuestas.

Dos cerebros piensan más que uno, así como cuatro ojos ven más que dos.

Este modo de colaboración surge como un cambio de paradigma que deja atrás la competitividad, a la que acostumbramos en nuestra sociedad, para dar un salto a la solidaridad como modo de evolución y perfeccionamiento de proyectos y/o productos.

El software libre es un ejemplo de coworking que lleva desde los años 90 demostrando que es una forma de trabajar que hace posible el éxito de un proyecto a través de la colaboración. También las licencias Creative Commons, casi como consecuencia del software libre, se basan en que no todo es competir por ser el único y mejor sino que los demás también pueden aportar ideas de mejora a tu proyecto.

Otros ejemplos cada vez más comunes son las redes sociales o plataformas en Internet cuyo fin es poner en contacto a personas que tengan interés en determinadas áreas para que puedan intercambiar ideas. Suele haber apartados para exponer proyectos y recibir comentarios de los demás.

Además de la revolución que supone abrirse a los demás para que aporten a tu proyecto, el coworking se ha traducido a los espacios físicos de trabajo compartiendo una oficina, es decir, trabajar en una oficina común. Últimamente abundan este tipos de oficinas de trabajo que alquilan personas que no pueden pagar un local propio para su negocio o que, y es muy común este razonamiento, puede ser que prefieran rodearse de personas que se dediquen a áreas parecidas a las suyas, intercambiar ideas y poder ampliar el grupo de contactos.  Estas oficinas suelen contar con una sala común en la que cada uno (depende de lo que incluya la cuota) tiene un escritorio, pueda acceder a ciertas horas de sala de reuniones, proyector, fotocopiadora, Internet y una cocina común.  Incluso en la web de muchos de estos sitios se incluye una presentación de las personas que trabajan allí y a lo que se dedican, se supone para que la persona interesada pueda sopesar si le conviene esa oficina.

En toda esta ola de colaboración por una mejora de los proyectos de cada uno, subyace la esencia del emprendimiento como actitud y no solo como finalidad o situación de paso. En una etapa de crisis como la actual, las personas nos hemos visto obligadas a “arrimar el hombro” para poder llevar a cabo nuestra actividad laboral y, sin darnos cuenta, estamos generando un cambio de pensamiento basado en la colaboración como optimización del entorno.

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¿Por qué aprender sobre los Medios de Comunicación?

Las narraciones que aparecen en los medios de comunicación, al igual que todo tipo de narraciones, son discursos sobre la realidad realizados por un “agente que comunica”. Al introducir al agente y su visión subjetiva del mundo, estamos introduciendo algo que algunos autores denominan mediación (Martín Serrano, 2009).

Esta mediación, que se refleja tanto en qué datos presentar como en cómo presentar los datos, es algo común a todos los relatos. Por tanto, es obvio decir que las narraciones de los medios “no son la realidad”. Claro está, que hay algunas interpretaciones de lo que acontece que son más veraces que otras. Y, lamentablemente, hay algunas interpretaciones que son diametralmente contrarias a lo que acontece.

Las 10 estrategias de manipulación mediática según Noma Chomsky. Infografía obtenida en Revista Apolorama

Esta situación introduce bastantes dificultades en el desarrollo de un sistema democrático en el que es condición indispensable “una ciudadanía bien informada”. Sin embargo, existen dos problemas prácticos para cambiar este escenario:

  • Siempre va a existir subjetividad en los medios de comunicación porque los hechos están sometidos a múltiples percepciones e interpretaciones. Lógico.
  • La configuración empresarial de los medios de comunicación hace que estos funcionen de acuerdo a sus propios intereses corporativos, muchas veces contrarios a la consecución de una ciudadanía informada. No tan lógico, pero realista.

Planteada la doble dificultad para que los medios cambien, la única alternativa de lucha-defensa  ante esta situación es educar en el pensamiento crítico sobre los medios de comunicación.  Y esto no es, únicamente, estar informado o tener algo de idea de lo que pasa a nuestro alrededor… también es necesario conocer el funcionamiento de los medios y cómo éstos crean “el relato” o “la noticia”.

Entonces, ¿cómo hacer esto? Educar en el pensamiento crítico sobre los medios de comunicación es dar las herramientas conceptuales y mentales para que las personas seamos capaces de valorar la veracidad y fiabilidad de las narraciones mediáticas. Aunque este tipo de educación es necesaria en todas las edades, es fundamental comenzar desde la infancia para que los niños construyan su capacidad de dudar ante los medios, de manera que crezcan más autónomos.

Tal y como hemos hablado en otros post, en Inventaria creemos que una forma de educación muy efectiva es enseñar con la práctica . Por ello, nos parecen tremendamente interesantes ciertas iniciativas como Kids Waves promovido por Plan Internacional España o la ONG Just Think!. Éstas se centran en enseñar a los niños a utilizar instrumentos audiovisuales para que, por un lado, se expresen, y, por otro, comprendan mediante la práctica los mecanismos engañosos  de los productos audiovisuales (montaje, efectos, iluminación, guión, presentación de datos, gráficos…).

La idea que subyace a estas iniciativas es que cualquiera puede expresarse, además de que se potencia el hecho de que toda opinión merece ser escuchada y difundida. Lo más destacable es que los niños participantes en el proyecto se socializan en esta convicción, valorando críticamente las formas de expresión propias y de los otros.

Lo ideal es que estas iniciativas no fueran anecdóticas, si no que se integraran dentro del currículum educativo oficial (algo poco probable ante los continuos recortes en la Escuela Pública).  Al fin y al cabo, queremos que todos los ciudadanos sean críticos y estén informados, no sólo una parte de ellos. Pero claro, quizás ese deseo no sea compartido por todos.

Texto de referencia:
Martín Serrano, M. (2009): La producción social de comunicación. Madrid: Alianza Editorial

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