Buscando alternativas: ¿colaboración Empresa-Tercer Sector?

Es conocido que el actual problema del Tercer Sector en España es la crisis de financiación. Tradicionalmente, el sector social se ha nutrido económicamente de las aportaciones de las administraciones públicas, a través tanto de subvenciones como de licitación en concursos. Esta aportación ha sido de las más afectadas por los recortes en inversión pública (excusados por la crisis endémica que está sufriendo este país), que afectan tanto a la política social y a los servicios sociales, como a la cooperación o la producción cultural.

Para que alguien financie tu proyecto no es necesario estar en la Florencia del siglo XIII, ni que la familia Medici esté de por medio.

Esto tiene consecuencias perversas. Por un lado, la disminución en la cobertura social de aquellas personas más afectadas por la crisis económica. No sólo aumenta el número de personas en riesgo de exclusión social por las consecuencias de la crisis: paro, precarización del trabajo, pérdida de vivienda, etc. También disminuyen las formas de paliar la exclusión y pobreza al limitar la cobertura social. Por otro lado, la desaparición de muchas ENL y la pérdida de empleos que eso conlleva.

Ante esta situación, algunos medios e instituciones se han empezado a hacer eco de la necesidad de buscar fuentes alternativas en la financiación de la actividad social de las propias entidades. Ya hemos hablado de algunas de ellas, aunque hay otras que se están empezando a explorar. Por ejemplo, la colaboración entre empresas y Tercer Sector.

Ya antes de la crisis algunas empresas vienen desarrollando acciones teniendo en cuenta al resto de la sociedad: tanto en las propias organizaciones (proveedores, planes de igualdad, medio ambiente…) como fuera, desarrollando políticas de acción social y voluntariado corporativo. Puede que estas acciones estén motivadas únicamente como estrategias de marketing, sin embargo muchas de ellas están aportando cambios y soluciones relevantes tanto en su forma de funcionar como en el impacto en el exterior.

 Si nos centramos únicamente en esta última parte, ¿cómo pueden colaborar las empresas con las entidades sociales? Estas son algunas de las formas de colaboración más comunes:

  • Financiación de proyectos completos o cofinanciación: la empresa financia o cofinancia un proyecto de la entidad social o la estructura de actividad de la misma.
  • Cesión de stock: las empresas ceden a las entidades sociales parte de su inmovilizado. Por ejemplo, puede ser cesión de mobiliario y terminales informáticas que se les han quedado obsoletas pero que pueden ser usadas por otras organizaciones. También es común la cesión de stock de la propia producción de la empresa, por ejemplo, juguetes, mobiliario, material de oficina que sirva a la actividad de la organización social.
  • Actividades Pro Bono: estas se caracterizan por la prestación de servicios de una empresa especializada en algo a una entidad social que lo necesita. Son comunes la prestación de servicios Pro Bono en abogacía o fiscalidad, pero también están surgiendo estas iniciativas en el ámbito de la ingeniería o arquitectura.  Además, pueden formar parte de los programas de voluntariado corporativo de la propia empresa.

Siendo realistas, estas actividades de RSC, aunque cada vez forman más parte de la cultura corporativa de la propia empresa, están relacionadas con las acciones de marketing de ésta. Por tanto, las empresas buscan reconocimiento de la ayuda concedida. Si colaboran en proyectos de acción social y cooperación esperan tener contraprestaciones en términos de “imagen” y comunicación. Por ello, si una entidad social quiere introducirse en la financiación por RSC debe darle una importancia fundamental a la comunicación activa y organizada de la propia entidad.

Así, además de la pertinencia social del proyecto, la capacidad técnica y la experiencia de la propia ONG, lo que buscará una empresa a la hora de financiar el proyecto que se le presente es que esto influya positivamente en la imagen de la misma. Y que, por supuesto, se comunique de forma acertada la colaboración entre ambas partes. No sólo tiene que haber una buena imagen, también se tiene que conocer.

Esto, precisamente, es aquello que la entidad social pone sobre la mesa a la hora de negociar el acuerdo y la financiación con la empresa. Es, por tanto, algo en lo  que tiene que trabajar y profundizar (ahora más que nunca) a través de la profesionalización de su propia comunicación, y de la estructuración de sus actividades comunicativas en base a planes estratégicos de todo tipo (generales, redes sociales, etc.)

Por último, no queremos decir que la RSC de las empresas deba sustituir la actividad del Estado. Esto es una forma de hacer sostenible la actividad de las ENL, además de establecer sinergias con otros agentes sociales. Pero, en todo caso, defendemos que debe ser el Estado quien garantice la cobertura de servicios básicos de las personas a través de políticas sociales bien articuladas, que garanticen la igualdad de todos los ciudadanos. 

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Archivado bajo Emprendimiento Social, Tercer Sector

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